El pasado verano estuve en un destino para mí bastante exótico: Dinamarca y Suecia.
Me sorprendieron muchas cosas: sus terrazas provistas de mantas, su luz infinita o lo reservado de sus habitantes. Estocolmo deslumbra por sí sola y es una ciudad que merece más que un escueto comentario: es quizá esa "orilla" radiante que te recuerda a tus veranos de infancia, cuándo el tiempo era elástico y además, infinito
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